Una rebelde con causa: Conoce la historia de la primera mujer ganadora del RallyMobil

Javiera Román dejó la universidad para ser navegante de rally, abandonó su familia cuando no encontró apoyo y terminó con su pololo cuando escuchó “el rally o yo”. Hoy está con sus seres queridos y es la primera mujer en ganar la competencia motor más importante del país.

Javiera Román tiene 28 años, es de Concepción, estudia ingeniería, vive con sus padres y el pasado fin de semana hizo historia al convertirse en la primera mujer que consigue subirse al máximo podio en la categoría R2 del RallyMobil, la competencia motor más importante del país. Un final feliz para una ruta que no fue fácil, con muchas curvas y obstáculos que pusieron a prueba el temple de la joven penquista que dejó todo por cumplir su sueño.

A diferencia de muchos, su familia no es del mundo tuerca y su pasión por los autos nació a muy temprana edad inspirada, en parte, por el gusto de su padre por los autos.

A mi papá le gustaban mucho los autos, pero no para que su hijita estuviera metida en esto”, recuerda la navegante del equipo Point-Cola.

Pese a la negativa de la familia, Javiera se las arreglaba para escabullirse a las competencias regionales de rally o arrancar a las largadas protocolares y parque de asistencia del RallyMobil cuando había fecha en Concepción.

El viaje a Cuba que no fue

Cuando salió del colegio quiso estudiar ingeniería automotriz, lo que fue rechazado inmediatamente por sus padres. A regañadientes ingresó a ingeniería civil mientras a escondidas seguía visitando los entrenamientos de los equipos de rally locales y enamorándose más del olor a bencina, los motores y la adrenalina de la velocidad.

“Me metí a trabajar de promotora para poder estar en los rally, porque no me dejaban en casa. Me metí a estudiar ingeniería civil pero obviamente dando bote, que me voy, que lo dejo, que congelo y perdí mucho tiempo en eso porque la verdad es que nunca me gustó. En ese tiempo decía que iba a estudiar a la biblioteca, pero la verdad es que me iba a entrenar”, confiesa Javiera Román.

Desobedeciendo a sus padres, participó como navegante en sus primeras carreras y hasta se bajó de un viaje familiar a Cuba para seguir compitiendo.

“Los dejé plantados, tenía un viaje a Cuba con mi familia y me dijeron vamos a correr Concepción. Me lo dijeron una semana antes del viaje y le dije a mis papás ‘lo siento mucho pero me voy a quedar’. Ellos no entendían nada (…) Cambié un viaje a Cuba por una fecha donde más encima abandonamos”, relata “Javi” como coloquialmente la llaman sus amigos.

“Después de eso se presentó la posibilidad de correr el Regional con Jorgito Riquelme que corría en la R3. De un N3 pasé a un R3, yo no entendía nada, y ahí a mis papás les empezó a gustar un poco más lo que hacía hasta que me pidieron que fuera representando a Chile a un congreso de la FIA en Portugal y cuando volví, volví con el switch cambiado porque me di cuenta que esto es lo que quería para mi vida”, dice la navegante.

Quiebre familiar

A su regreso de Portugal le informó a sus papás que dejaría la universidad para dedicarse a tiempo completo a perfeccionarse como navegante, noticia que no cayó bien en la familia.

Javiera Román recuerda que “ese año estaba corriendo con el Pato Muñoz y finalmente terminé yéndome de la casa porque no aceptaron la decisión que yo había tomado. Me fui a Osorno con mi pololo. Allá entré a la carrera de ingeniería mecánica en vehículos automotrices y convalidé los ramos que ya tenía cursados de la ingeniería civil. Eso fue cuando tenía 25 años”.

Fuerte y derecho

Estando en Osorno, Javiera fue contactada por el joven piloto del equipo Point Cola, Martín Scuncio, con quien hoy hace dupla en el RallyMobil y con quien alcanzó la máxima posición de la R2 en la temporada 2018.

Primero corrieron un regional y luego todo el nacional. “Ahí empecé a tener problemas con mi relación porque mi pololo no estaba de acuerdo que yo corriera en rally y a fin de año Martín me dice ‘vamos por la revancha el otro año’ y yo le digo ‘sí, vamos’ (…). Ahí mi pololo me dice ‘el rally o yo’, así que agarré mis cosas y me fui una vez más y no me arrepiento claramente”.

De regreso en Concepción arregló su relación con sus padres, quienes entendieron que su hija era capaz de dejarlo todo por su pasión. “Cuando comprendieron que esto era lo que me volvía loca me apoyaron 100%, te digo que ha sido la mejor decisión, la más importante y linda que podía haber tomado”, recuerda.

Extraña en un mundo de hombres

Javiera comenta además que si la relación con sus padres y pololo resultó complicada por su amor por el rally, tampoco fue fácil entrar a un mundo dominado por los hombres y el parentesco familiar.

“Al principio esto del rally fue muy difícil para mí porque no entendían que una mujer llegue de la nada, menos si no tiene ningún nexo con el rally. A veces habían chicas porque tenían algún nexo familiar, entonces siempre había más respeto porque había alguien que las protegía como hermanos, padres o algún cercano. Yo estaba absolutamente sola. Tuve que romper muchos prejuicios y demostrar que yo era igual de capaz que ellos”, dice orgullosa.

“Nunca me dijeron algo directamente, pero yo igual me enteraba de las cosas que decían y lo que hablaban de mí. Me las sufrí todas porque a veces me quedaba sin nadie con quien correr o cuando chocábamos, cuando me equivocaba y me sentía culpable, miles de cosas, fue súper difícil“, dice Javiera, quien asegura que ahora se ha ganado un puesto en el competitivo mundo motor con humildad y tratando siempre de mejorar.

Ahora recibe el respeto de muchos pilotos y navegantes contra quienes compite.

“Hay un navegante argentino que es seco (Miguel Recalt) y hace un tiempo atrás yo le mandé una cámara incars y le pedí que si podía revisarla para decirme en qué cosas podría mejorar. El corre en mi categoría y ahora cuando estaba en el podio se acerca a mí y me dice ‘oye campeona te puedo enviar una grabación para que la revises y me digas en que puedo mejorar’… Yo quedé en una pieza”, confidenció.

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